Juventudes, Movimientos Sociales y Discapacitados
     
Imagen
 
Forodeslinde | Partido Aprista Peruano | Política Internacional | Actualidad | GENERACION DESLINDE | Juventudes, Movimientos Sociales y Discapacitados | Ideologias, Partidos Políticos y Sindicalismo | Descentralizacion (página en construcción) | Poesía y Educación | Economía y PYMES | Correspondencia | Turismo , Servicios y Actividades | Humor | Salud y Medio Ambiente | Cultura, Ciencia y Tecnologia
 
Juventudes, Movimientos Sociales y Discapacitados

   
 
Discapacitados (10-07-2004)
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
MENSAJE A LA JUVENTUD PERUANA



A los estudiantes de Trujillo que se dirigieron a mí en nombre de los estudiantes del Perú.



Desde que recibí el mensaje en que me participaban haberme nombrado su Maestro me hice el propósito de escribirles largamente, pero no sólo me han detenido mis preocupaciones a veces desconsoladoras y mis ocupaciones siempre absorbentes, sino también el temor de ir a complicar con mis palabras una situación ya de por si peligrosa; temor tanto justificado cuanto que no puedo ir a compartir sus penalidades y es por lo mismo muy comprometido enviarles consejos impunemente y a distancia.

En efecto, que puedo yo decir les ante la situación que guardan, ante el estado en que se encuentra todo este mundo contemporáneo plagado de injusticias y de odio; ante todo, aquí en el Perú, allá en Méjico y en casi todo sitio en donde hoy viven hombres: Lacerados por el odio ajeno cuando se han sentido desbordar de amor, y eso es, me imagino, la situación de todas, las almas nobles del mundo.

No se quiero creer en el mal, nos parece un absurdo y un error de fácil corrección, pero muerde y destroza. De suerte que si nos examinamos por dentro, nos sentimos deshechos; pero este, al fin y al cabo, viene de mucho bregar y se pasa pronto y en realidad la vida sólo vale por los instantes nobles, que hay que empeñarse en vivir aunque todo lo demás se pierda.

También debo reflexionar en que hablo a jóvenes de ánimo ardiente y no puedo permitir que un descorazonamiento mío, aunque sea pasajero, los contagie. Si he de mencionarles penas, lo haré para mostrarme enteramente sincero y para que se den cuenta de la enormidad de la tarea que tienen delante de si. Todo el que combate por un ideal -no para desanimarlos, sino para que se apeguen con más afán a la empresa reformadora, a la tarea sin fin- no se consuma con una sola victoria, ni con derrocar un tirano -aunque es preciso derrocar a cada tirano- sin que se deba renovarse una y otra vez; sin descanso y sin ilusión, pegando sin tregua contra los grandes obstáculos y también contra los ruines contratiempos que agotan oscuramente el anhelo. Duro es el camino del ideal sin reservas quien lo siga ha de contar de antemano, con la desilusión y el infortunio y deberá examinar su conciencia para ver si posee algo de la sustancia de lo que se yergue.

El que ambiciona dicha o se complazca con la comodidad y la fama, que nadie discuta, pónganse en la frente la coyunda de las ideas corrientes y con buena salud y un poco de esfuerzo alcanzará aventura y hará a los suyos felices, siempre que cuide de dar su parte al más fuerte; la razón no tanto a quien la tiene, sino más bien a quien la impone.

Hombres así suelen ser útiles y sin duda merecen su dicha tranquila y ruin; ustedes que son jóvenes deberán interrogarse sinceramente, y si es la felicidad lo que ambicionan, no vacilen, háganse cuerdos, desarrollen ingenio y fuerza y todos los tesoros del mundo llegarán a ser suyos.

Pero si en el fondo del corazón han sentido una sorda inquietud, que no se satisface ni con el lucro, ni con la falsa fama, ni con la dicha ruin, entonces todavía deténganse a pensar lo, porque el camino es arduo. Si a pesar de todo eso se sienten movidos por un afán que se atreve a todo, y paren el disgusto de la verdad incompleta; de la dicha infecunda; si el día que termina sin un suceso ilustre les causa angustia; si el ansia de la vida infinita los llena de un dolor confuso que nada dura del todo; si una sed de ser y de gloria les devora las entrañas; si están dispuestos a padecer; resueltos a no hacer otra cosa que sufrir por todo una vida de martirio y de grandeza entonces, serán de los elegidos.

Pero estén seguros de que les espera la indiferencia y la pobreza, el escándalo, la persecución y el odio; seguros de que causarán la desdicha de los que aman; de que sufrirán separaciones lacerantes, y en seguida la calumnia y la burla, el desdén y la saña, el presidio, el destierro y quizá, la muerte. Y aún antes que la muerte física, la muerte del sentimiento en un desgarrarse de todos los efectos y un perder cuando se ama. Vendrán después las horas rápidas, momentáneas del triunfo y padecerán entonces de un mirar claro que revela la miseria de gentes y casas; de no poder creer, de un ya no querer nada que se refugia en los días mismos del infortunio, porque en ello había si quiera la profundidad infinita del dolor sin consuelo; seguirán mirando como unos sonámbulos las cosas de la tierra y con el alma perdida en un vago infinito que a veces guía, pero que frecuentemente nos deja solos.

Y así hayan concluido la tarea o cuando apenas esté iniciada, quizá verán que se reanudan las persecuciones, las penas, las inquietudes sin término, hasta que la muerte se les aparezca como una positiva liberación. Si desean arrastrar todo esto a cambio de unos breves instantes de verdad resplandeciente o de pasión sin freno, se sentirán invencibles, y por mucho que los atormenten, podrán seguir adelante, sin que nada pueda tocarlos; ni el dolor, que si es grande encuentra en ustedes temple, que roza como el arco a la cuerda para crear sonoridad y alegría, ni la muerte que si es heroica, enciende un más vivo anhelo.

Podrán seguir adelante contra los despotismos de la tierra y contra los abusos de la mente, desarrollando todas las capacidades para que trabajen por el triunfo de la acción y de la locura generosa. No estén entonces cuerdos ni un solo instante; batallen y forjen sin descanso; en patrias como estas, no hacer es un pecado y todo lo demás es virtud, obren en grande pensando en belleza.

Suelten sus fuerzas como río desbordado, pero conscientes da que remueve la tierra y fecunda inmensidades. Nadie podrá detener el impulso de una juventud unida y activa, generosa y libre; usen su fuerza para derribar la tiranía del hombre, la tiranía de instituciones, la tiranía de los propias apetitos y para todo esto, venzan primero en ustedes mismos; renuncien a la vida dulce, para merecer la vida sublime.

Los jóvenes que aspiran a dirigir pueblos y a redimir gentes, podrán conocer la pasión, pero no tienen tiempo para los deleites.

Quienes prefieren la voluptuosidad el deslumbramiento, no serán interpretes del afán colectivo; ni gozarán jamás el transporte de sentirse como instrumento divino de los procesos humanos. La valiente actitud que ustedes han comenzado a desarrollar me obliga a enviarles la palabra de mi experiencia también que el afecto me inclina a sufrir con las penalidades que azotan al Perú.

No debemos ser indiferentes al dolor de ningún pueblo de la tierra, mucho menos al de un pueblo que es porción de nuestra Patria Ibero Americana. No puedo olvidar tampoco lo que debo personalmente al Perú en los días en que era libre y yo arribé allá perseguido y sin más títulos que el de ser un mejicano que había sido perseguido por todas las dictaduras de su patria, y eso me abrió todas las puertas y me ganó todos los pechos.

Como la visión de una vida aparte, guardé recuerdo de aquel viaje y tiemblo de pensar en la emoción de un retorno a Lima, me cogería el ambiente, y tendría que volver a vivir las horas profundas, las horas amargas, los ásperos deleites, la sombroza, la desgarradora vida de mis diez meses de amor, de desesperación y de videncia. Fue aquello un conflicto de placidez de afuera la tempestad que llevaba dentro, y tanto aunque mi alma en casas y gentes, que todavía me parece que sigo envuelto como en áurea que volvería a poseerme entera, si concentrase mis recuerdo un instante.

Sin embargo, los años no pasan en balde; el tiempo nos purifica, dicen los necios; yo más bien creo que nos roban, nos desvanecen, el tesoro de las emociones, nos deja viles y pobres; viles, porque olvidamos; pobres, porque perdemos porciones de la misma existencia. Así es como aquel vivir profundo se me ha ido haciendo sueño. Y ya ahora sólo guardo la visión refulgente de los molles andinos, que trepé todo un día asombroso y la noche estrellada de La Oroya y los ríos y las planicies y las cumbres de nieve y las grandes olas encrespadas de sonidos y de espuma, y el mar vigorosamente verde, impregnado de su potencia, que penetró en todos mis poros. Veo las tabernas oscuras del Callao, en donde vagabundos de todo el planeta bebíamos aguardientes de pisco igual que si fuera un cauterio de heridas sangrantes. Pasan más gentes, las jóvenes lindas, las matronas de ojos que humedecen la ternura, los amigos cordiales, y me asalta la amargura de una vida que no volverá. Veo los desfiles militares acompañados de música triste, monótona, que me hinchan el pecho de patriotismo peruano; un patriotismo que yo interpretaba como la afirmación de un derecho divino que asiste a las razas nobles y dulces Para perpetuarse en un sitio y hacer un oasis de bandas en el basto mundo perverso.

Recuerdo muchas cosas más y las comparo con las noticias que ahora llegan de allá, y desde el fondo del alma maldigo a quien quiera que haya hecho o este haciendo sufrir al Perú y digo que no es gobierno honrado el que mutila a la Patria haciendo deportar a sus hijos.

Los honrados y los fuertes no temen y por lo mismos, no persiguen; en cambio, los que padecer terror, aterrorizan y les repito: Sin libertad y sin justicia ningún gobierno puede ser ya no digo bueno, tolerable siquiera.

Pero los malos gobiernos no dependen del capricho de un hombre, sino del estado de corrupción general de una sociedad. Los tiranos se producen cuando falta una clase independiente y fuerte, es decir, virtuosa. En la actualidad no hay nada que esperar de las clases altas porque pudiendo vivir cómodamente en cualquier parte no necesitan sacrificar y emigrar sin oponer resistencia a la tiranía

Esas clases acomodadas que en la antigua burguesía francesa pudieron ser un baluarte de las libertades públicas, ya no representan ahora ni ese papel útil, lo único que con ello debe hacerse es reducir sus privilegios mediante una legislación radical.

En cambio, la esperanza de los tiempos actuales se encuentra en el elemento trabajador, entendiendo como tal, el conjunto de los que se esfuerzan para ganar el pan en todos los órdenes de las actividades sociales. El error de los políticos de países donde no ha prendido una revolución, ha sido confiar en la acción de personajes encumbrados, en vez de remover las mayorías trabajadoras.

Recuerdo que por ejemplo, cuando yo estaba en Lima, mucha gente ilustrada y joven, puso sus esperanzas en un partido de intelectuales selectos y de señores ricos; un partido de mesas directivas sin contacto alguno con las clases humildes y por lo mismo cuando vinieron las persecuciones, el pueblo no se interesó por defenderlos. Los intelectuales sacrificados clamaron y siguen clamando en el extranjero, pero nadie los escucha, porque ellos no tuvieron en cuenta al pueblo en sus planes.

Recuerdo que en aquella época hablando en cierta ocasión de manera política con un líder de uno de los partidos políticos con un líder de uno de los partidos militantes, le dije abusando de su benevolencia: “¿Por qué no suprimen ustedes un partido y con el dinero ahorrado, limpian y canalizan el rio?". En efecto, ni se pensaba pavimentar calles, en sanear barrios, en carreteras y escuelas. Desgraciadamente, así pasa en todos nuestros países, no obstante, que todo está por hacer. Por supuesto, que obras de verdadera importancia social, no puede ejecutarlas un tirano. Un tirano es capaz de abrir avenidas para ponerle su nombre, pero las empresas útiles y silenciosas de la civilización, sólo las realizan los pueblos en masa; no son producto de un hombre, sino de una generación que ha podido vivir laboriosa y libre.

Señalo éstas circunstancias como ejemplo de la incompetencia políticos. Se habla, se discute, pero rara vez se construye, ¡casi nunca!, y lo que necesitamos es un político de trabajo, con libertad sin duda, y con justicia social pero con ardiente vocación de trabajo.

Tenemos un trabajo de mas de cien años respecto al resto del mundo y sólo podríamos reparar lo perdido trabajando el doble de todas las naciones, trabajando sin descanso, hasta que toda una generación se agote por entero en la obra modesta de alcanzar el nivel de los países civilizados. Nuestra cultura la tenemos en la mente, pero no aparece por ninguna parte en la realidad. En el Perú, en Méjico y en Chile, son los extranjeros los que hacen los ferrocarriles, los puentes, los que explotan las minas, los que regentan las grandes empresas y los criollos vivimos de la política o de la explotación usuraria de la tierra o de la miseria burocrática de los puestos del gobierno. Por eso no hemos llegado a constituir verdaderas naciones independientes, sino soberanías ficticias que dan pretexto para holgar veinte y treinta días del año en conmemoraciones de batallas estériles o de planes bastardos.

De ésta suerte, los mismos sucesos históricos, que forman parte de la tradición nacional se van empequeñeciendo, aunque sean grandes se van empañando, porque ningún suceso humano merece el recuerdo si no ha sido fecundo, si no ha dado lugar a grandes desenvolvimiento nacionales o morales.

Y nuestros propios fracasos deslumbran así las grandes acciones de los fundadores de nuestras nacionalidades.

Tenemos vanidad pero carecemos de orgullo; nos creemos los mejor del mundo, pero no nos abochorna vivir como parásitos de una patria donde es el extranjero que explota las riquezas naturales, el que trabaja y construye. Descontentos del valor propio, no podemos llegar a construir un pueblo, nos dedicamos a construir de palabras y de obra. En todas nuestras acciones se revela el desprecio de casta contra las otras veinte en que estamos divididos.

La casta indostánica tiene una tradición venerable y se funda al fin y al cabo, en diferencias de orden espiritual; de las castas de América Latina se basan simplemente en la posesión o carencia de fortuna personal. Y no por eso la división es menos honda. En Méjico la revolución puso al "pelado", al hombre del campo, al humilde en condiciones de azotar el rostro del hacendado (gamonal), y de dictarle la ley. Y, si no se suprimen radicalmente la explotación y el abuso, el odio perdura y una nación dividida no puede defenderse de sus enemigos exteriores, ni de sus enemigos internos.

Los tiranos se sostienen adulando hoya una casta, mañana a otra; pero sólo cuando desaparecen las castas, se establece la democracia que derriba definitivamente al tirano.

Si deseamos aniquilar la tiranía no en una cabeza, sino en todas sus monstruosas reapariciones, procuremos redimir al indio, al cholo, al fachafo, a todas las gentes que habitan el territorio de su nación. Destierren de la conversación misma ese desdén, esa constante burla del pobre fachafo, que a veces, trabaja más que sus censores y por lo mismo, sirve mejor a la nación.

Claro que siempre es problema resolver la reforma de un país por la educación de sus masas, puede intentarse desde fuera del gobierno o si es mejor derrocar el mal gobierno para construir uno que se ocupe seriamente de los problemas nacionales; pero en todo caso será prudente comenzar por lo que está más de acuerdo con las posibilidades del momento.

La labor de propaganda, la labor de ejemplo que ustedes desarrollan, tendrá que trascender, y crecerá hasta que se torne invencible. Es una lástima que no se halla aprovechado los años de libertad para organizar movimientos cívicos de carácter educativo; pero ya que se perdió esa ocasión conviene que ahora quede bien planteado el problema, a fin de conocer los medios de atacarlo.

Unos de los recursos de tiranos es la exaltación de falso patriotismo. El patriotismo que debería ser siempre amor; déspota lo torna en odio, para apartar de la ira del pueblo dirigiéndola contra vecinos, contra sus hermanos.

No hay déspota que no Se exhiba ante sus ciervos como un caudillo de la causa nacional, vengador de los agravios patrios y encarnación viviente del orgullo colectivo. Pero nada hay más triste que ver una patria que fía su destino a un sólo hombre, y todavía es peor el: espectáculo de un pueblo que entrega sus libertades al déspota, por una mera promesa ilusoria.

La patria la encarnan sus hijos; jamás sus verdugos. Y un déspota es peor enemigo que veinte ejércitos extranjeros.

La patria nada vale sino significa libertad y justicia. El orden y la paz fundan el progreso, pero no puede rendir fruto sino es a base de libertad y justicia. Organizar un orden social justo y libre, es más importante que fomentar el odio al extranjero. Por eso me atrevo a deciros -aun cuando comprendo lo delicado que es hacer lo-, pero se los digo como un deber, que cada vez que el político hable de la cuestión chilena, debéis desconfiar.

Sí, dabais deciros: “Por qué ese empeño en derrochar la energía peruana en algo que no es la inmediata regeneración por el trabajo y el saber?

¿Cómo vamos a emprender revanchas si acaso no se han corregido vicios que originaron la derrota?

Acabemos primero con la disensión interna, construyamos la patria, aumentemos su recurso, usemos el temple colectivo para castigar a los tiranos de adentro, y ya después, libres y poderosos podemos enfrentarnos a los tiranos de afuera.

Las sirenas podridas del despotismo susurran peligros extraños y cantan patriotismos morbosos; pero en realidad no sucede sino que el déspota quiere soldados para sofocar huelgas, para suprimir protestas, para afianzar su dominio. Más varonil que injuriar al enemigo extranjero que está distante y no hace daño, es combatir al dictador que deshonra las tropas de la nación cada vez que hace que le presenten las armas.

Yo sé todo eso, lo he visto y sólo por el Perú; lo digo por el años recientes, por Venezuela, otros países nuestros que estrangula.

A nosotros nos lanzaron contra los norteamericanos, los Santa Ana, Los Vistoriano Huerta, los Carranza, pero cada uno de ellas cuidó de asegurar ayuda o tolerancia norteamericana para los propios fines perversos. A ustedes los incitan contra los chilenos y los chilenos contra los peruanos, casi siempre por razones egoístas de la política vanal; por eso es necesario tener presente que el enemigo de la patria rara vez está afuera; casi siempre se halla adentro.

Los explotadores no tienen patria; pero la simulan para desorientar a los siervos. Lanzan uno contra otros los pueblos para aumentar sus riquezas o rangos; pero ya es tiempo de que los pueblos comprendan que son hermanos y que tienen intereses comunes.

El nacionalismo de la América Latina tiene que pasar al plano secundario de un
corto y gastado provincionalismos. El patriotismo necesita reforma, ya no debe haber peruanos ni mejicanos, ni argentinos, ni chilenos. Sólo las almas de moluscos siguen pegadas a la roca de la patria, hay que decirles bruscamente: “Yo reniego de la mía, en el instante mismo en que pretendan agrandarse a costa de otras naciones o no este dispuesta a servir las o amar las fraternal y recíprocamente”.

Y tampoco habría de prestarme a gastar mi querer en el odio estéril de ofensas pasadas. Si alguien me pega y es mas fuerte que yo y no puedo contestar, no deberé ir lamentando el mal cometido: me pondré a esforzarme en silencio, para ser más fuerte, para ser mejor y ganar poder que un día repare la injusticia.

Pero volveré siempre a mi mismos, porque el mal esta en mi mismo y también el remedio. Y así debe ser el ciudadano, sereno y confiado en su tesón y en su destino. De allí que yo sienta que el primer deber de chilenos y peruanos es cerrar para siempre el veneno de odios de esa guerra maldita del pacífico.

Revuélvanse de prisa y de cualquier modo las cuestiones pendientes y en seguida maldíganse de una sola vez, pero en seguida olvidarlas a todos los necios, torpes o arrogantes que consumaron una guerra que dividía la estirpe Ibérica en la misma época en que los Anglo-Sajones del norte del continente, sellaron con sangre la alianza perenne del bando del norte con el bando del sur, levantando así la base del poderío norteamericano. Esta mancha del Ibero-Americanismo, que se llamó la guerra del pacífico, sólo pueden borrarla las dos juventudes del Perú y de Chile y cuando llegue el momento, no disputen territorios, dejen la tierra a quien mejor la aproveche, a quien más la necesita, pero eso sí, cuiden de no dejar en pie un sólo recuerdo de la maldita disputa que envenena el alma de dos nobles pueblos.

¡Obreros o pensadores de los dos países rivales!: sólo ustedes, los que trabajan o los que piensan podéis convertir el odio en amor y la pugna en progreso. Y, para esto, no hacen falta tiranos, estorban. La situación actual del Perú es penosa y amarga, tanto más cuanto que no es excepcional, sino una de esas calamidades intermitentes, de la que es muy difícil librarse.

Nosotros hemos pasado vergüenzas semejantes y estamos amenazados de volverlas a sufrir. La experiencia debe ya convencernos de que el remedio tiene que ser un remedio colectivo de educación general y de acción común.

Organicen ustedes el movimiento salvador pero si no pueden hacerlo, recuerden por lo menos, que por ser jóvenes, no deben manchar su juventud unciéndola a una dominación que por mucho que dure, tendrá que llegar a ser para ustedes un vago recuerdo; un vago recuerdo bochornoso, para todo el que se reúne a ella; un noble orgullo de toda la vida para los que se nieguen a prestarle apoyo.

Yo que conozco la nobleza del carácter peruano, pienso que tal vez no sea necesario llegar a la violencia; me imagino que bastaría una protesta sostenida y numerosa para que la fuerza de la opinión pública se impusiera rápidamente. Lo que importa es que no sea un grupo el que proteste, sino la nación entera, indignada y unida en un propósito. de regeneración y de libertad. Se me dirá que es muy difícil sacudir mayorías que sólo atienden a sus intereses inmediatos y materiales; pero también es cierto que toda reforma comienza por la acción de una minoría intrépida, que si tiene la razón y es tenaz, acaba por imponerse a todos.

No hay un sólo caso de juventud honrada y resuelta que no se haya hecho heredera del mando. El secreto es preservar en un propósito noble y levantado.

Sean ustedes más firmes, más tenaces que sus enemigos; más sobrios, más laboriosos, más claros en el pensar y más resueltos en la acción y el triunfo llegara inesperado y espléndido.

Y así que hayan vencido, así que esté en sus manos todo el Perú, vuelvan a hacerla amable, vuelva a hacerlo dulce; pero antes que todo, hagan lo justo para que la bondad y la dulzura sean verdaderas y perdurables. Combatan la explotación del hombre por el hombre en las ciudades y en los campos, establezcan la paz que nace de la justicia y la abundancia, y una vez lograda está victoria, proscriban la violencia, condenenla y maldíganla hasta que no pueda renacer; mátenla con un derroche de bien, paguen la cárcel con la libertad, el destierro con el retorno y el odio con el amor.

JOSE VASCONCELOS.
(cortesía GENERACIÓN DESLINDE. www.galeon.com/generaciondeslinde)
 
Escríbeme
Para más información